sábado, 4 de mayo de 2013
¡Sorpresa!
Sé que a muchos esta entrada os parecerá absurda, puede que hasta evitable. Si es así, perdonadme de antemano.
Es que la emoción me hace gritarlo... ¡¡¡Voy al concierto de (mi) Alejandro (Sanz)!!!
Si no os pongo en antecedentes no vais a entender nada, lo sé.
Alejandro es para la mayoría de la gente un cantante. Bueno o malo, puedes pensar lo que quieras. Un cantante también evitable para muchos. Para mí, durante mucho tiempo, lo fue todo. Sé que corro el riesgo de parecer superficial (hasta chiflada, soy plenamente consciente).
Hace 20 años, cuando mi vida se derrumbaba por completo (Madre ausente), aparecieron él y sus letras. Él y su música. ÉL.
Yo tenía 13 años y una perspectiva de vida bastante negra. Y él lo llenó todo de luz, de amor a raudales, de ternura, de vida. Supongo que fue un mecanismo de defensa, pero se convirtió en mi refugio. Sé a ciencia cierta que si no hubiera pasado horas y horas encerrada en mi habitación escuchándole me habría vuelto loca.
Mi vida empezó a girar alrededor suyo. Lo sabía todo de él, mi habitación se convirtió en un santuario con sus fotos por todos lados. Hasta enseñé a mi sobrina (que por entonces tenía unos 2 años) a decir "tito Álex" cuando lo veía en la TV (lo sé, visto desde fuera puede hasta catalogarse de obsesión).
No sé si entenderéis, o si al menos os podéis hacer una idea de qué significaba para mí.
En fin, que 20 años después sigo quedándome totalmente petrificada cuando le escucho hablar. Es como si me hipnotizara. Para mí es "volver a casa", a mi refugio, a donde te sientes realmente en paz.
Bueno, como los antecedentes ya están claros, os explico a qué viene este post.
Llego a casa. Mi marido me dice que no puede esperar más, que me da el regalo del Día de la Madre que debía darme mañana. Genial, me encantan sus regalos. Lo abro. Una caja de cartón preciosa, me servirá para guardar algo (aún no sé qué) seguro, pienso. En la tapa, una nota de su puño y letra: "pide un deseo". Alucino. ¿Deseo? No deseo más que pasar muchas muchas horas con él y mi niña... Abro la caja. Y ahí, boca arriba, encima de montoncitos de papel de regalo hechos bolitas, las entradas. "Alejandro Sanz. 30/05/2013", he leído. Y no he sabido reaccionar... Sí, he llorado.
Enseguida mi mente se ha puesto a dar vueltas. ¿Con quién voy a ir? Nunca hemos salido los 2 solos desde que nació la peque. PORQUE NO HEMOS QUERIDO, que quede claro por si las moscas. Sabía que no iba a ir con él y en esa caja habían 3 entradas... Entre lágrimas le he mirado espectante. Y ha dicho el nombre de mis 2 amigas más importantes. No entendía nada... "¿Van a pagar más de 60€ para acompañarme?". "Sí, he hablado con ellas y están encantadas".
En serio, sé que habrá mucha gente que no entenderá el por qué de tanta emoción... Pero para mí es tremendo.
Hace pocos días hablábamos de eso de salir sin la niña. Yo le comentaba la verdad, de momento no me apetece. No es que no pueda, es que no quiero pasar un segundo sin ella. Ya vendrá el tiempo en que me apetezca, pero de momento, no. "Solo me despegaría de ella (un ratito) para ir al concierto de Alejandro", le dije. Supongo que algo se activó en su cabeza, y aquí están las entradas.
Pero no solo eso. Se puso en contacto con mis amigas, les preguntó si querían, si estaban dispuestas a pagar, porque es bastante caro... ¡Y dijeron que sí! A pesar de no estar en el mejor momento económico... A pesar de que el concierto sea un jueves y al día siguiente madruguen... A pesar de todo, ¡han dicho que sí!
Pues eso, que han estado días "maquinando" a mis espaldas, solo por hacerme feliz. Por verme sonreír.
Me siento tan afortunada...
Por él, que se empeña en que siga saliendo el sol cada día.
Por ellas, que, a pesar de los pesares, siempre salen corriendo a socorrerme si lo necesito.
Y por esta vida que (más vale tarde que nunca) ha empezado a compensar el sufrimiento...
Gracias, vida. Mil gracias.
miércoles, 1 de mayo de 2013
Gracias por comentar
Es verdad, no soy bloguera, como dije hace un tiempo. Pero, oye, le estoy cogiendo el gustillo a esto de desahogarme en público.
Vosotras, que sois grandes blogueras, seguro que habéis olvidado ya el subidón que se siente cuando recibes muchas visitas... Y algún que otro comentario. Ay, los comentarios... ¡Qué caros son! ¡Cuánto cuestan! Esto de Blogger, que es muy chivato, te dice cuánta gente te ha leído. Entonces ves, de repente, que una entrada ha sido visitada 1368 veces (para mí, una pasada, impresionante, increíble, vaya) y tienes... ¡¡¡6 comentarios!!! Sí, seis, incluidas mis respuestas. Y como yo me empeño en ser educada y contestar TODOS los comentarios, resulta que han habido TRES valientes que han dejado comentario.
A ver si me sé explicar... No es que esté obligando a la gente a comentar, que en los tiempos que corren bastante hacen con terminar de leer la entrada completa (estoy más que convencida que muchos no llegan al final, que escribo pocas pero las que salen son siempre demasiado largas...). Pero sí, me encantaría que lo hicieran, aunque fuera para decirme "menudo tostón". Algo que me diga que están ahí, de vez en cuando, o siempre, da igual, pero que están.
¡Ojo! Que los valientes que terminan de leer las entradas y, además, comentan, también merecen mención especial... ¡faltaría más! Son poquitos, así que terminaré rápido.
Me encantaría que la lista creciera, porque todos tenemos algo de exhibicionistas cuando nos decidimos a publicar pensamientos. Me encanta recibir comentarios, por supuesto. Pero lo que más me gusta es lo que me aporta este mundo 2.0, en que el anonimato diluye los miedos y nos permite compartir lo más profundo sin temor a sonrojarnos.
Os doy las gracias desde aquí, chicos, sois una tribu perfecta.
P.D. Mi #GHmamipandi... GRACIAS por las risas, por las "paranoias", por la diversión, por sacarme una sonrisa en días en que parecía imposible. Nos cambian a los jueves, pero ahí seguiremos, ¿no?
Vosotras, que sois grandes blogueras, seguro que habéis olvidado ya el subidón que se siente cuando recibes muchas visitas... Y algún que otro comentario. Ay, los comentarios... ¡Qué caros son! ¡Cuánto cuestan! Esto de Blogger, que es muy chivato, te dice cuánta gente te ha leído. Entonces ves, de repente, que una entrada ha sido visitada 1368 veces (para mí, una pasada, impresionante, increíble, vaya) y tienes... ¡¡¡6 comentarios!!! Sí, seis, incluidas mis respuestas. Y como yo me empeño en ser educada y contestar TODOS los comentarios, resulta que han habido TRES valientes que han dejado comentario.
A ver si me sé explicar... No es que esté obligando a la gente a comentar, que en los tiempos que corren bastante hacen con terminar de leer la entrada completa (estoy más que convencida que muchos no llegan al final, que escribo pocas pero las que salen son siempre demasiado largas...). Pero sí, me encantaría que lo hicieran, aunque fuera para decirme "menudo tostón". Algo que me diga que están ahí, de vez en cuando, o siempre, da igual, pero que están.
¡Ojo! Que los valientes que terminan de leer las entradas y, además, comentan, también merecen mención especial... ¡faltaría más! Son poquitos, así que terminaré rápido.
- mamatambiensabe y ¡vaya si sabe! Apareció en mi vida en un momento duro... Andaba yo perdida en esto de Twitter, quejándome en vano de mis injusticias laborales... Y entonces llegó ella. Y, de repente, empecé a estar un poquito menos sola. Con ella vino algo de luz, me demostró que solo unidas podremos acabar con las injusticias. Me enseñó el poder de la lucha y me animó a no caer. Y ella, que tantísimo sabe, no sé si sabe que desde entonces se convirtió en alguien fundamental en mi vida (de momento 2.0). Que solo una palabra suya me anima el día, y saber que está (y os prometo que SIEMPRE está), hace que todo parezca mucho más fácil... GRACIAS, Cata, de verdad. Espero ansiosa el achuchón 1.0.
- El Universo de Lai Ay, ella... Ella siempre me saca una sonrisa, SIEMPRE. Ya sea recién levantada, cuando se lava la cara con las gafas puestas (jajaja aún no puedo quitarme la sonrisa de la cara al imaginarte), o las noches de los lunes, en que compartimos más que un programa de televisión (mención aparte tendrá mi maravillosa #GHmamipandi, por supuesto). Eres grande, única, verdadera. Juntas conseguiremos superar todos esos baches que la vida se empeña en ponernos en el camino, debes estar segura de ello.
- La morada de Nieves Nuevísima incorporación a la blogesfera y arrasandooooooo. Es impresionante cómo escribe, cómo siente, cómo es. Tanto, que reconozco que a veces me cuesta creer que no es un personaje de ficción, la protagonista de un libro de esos que me absorven desde el primer día. Apareció de repente en mi blog, haciendo una entrada estelar. Y, en muy poco tiempo, se ha convertido también en esencial. ¿Sabes cuando empiezas un libro de esos interesantísimos, de los que no puedes despegarte casi ni para ir a dormir? Pues eso me pasa con ella. Se hace querer desde el minuto uno. Grande, muy grande. Auguro una carrera meteórica, en breve la vemos firmando libros en Sant Jordi, al tiempo.
- mis2monstruitos Porque también de papis vive Twitter... Moisés es especial lo mires por donde lo mires. Padrazo donde los haya. Divertido a tope, optimista y muy detallista. También él siempre está, siempre comenta, aunque sea para levantar el dedito y gritar... ¡presente! Seguro que es porque también él sabe cuán importante es recibir un comentario, cómo te llena de energía para seguir... Gracias, de verdad.
- La mamá de mi rubio Hablamos poquito, pero sé que está. Divertida y cariñosa a partes iguales. Necesito más tiempo para seguir descubriéndola y hablar de ella... Pero merece también estar aquí, porque también es de las valientes que comenta. Gracias, guapa!
- Mamá (Contra) Corriente No me extenderé con ella... Porque ella merece un post para ella solita. Grande como la que más. Inteligente, sensible, siempre pendiente de mí... Demasiado confiada a veces (ojalá nunca deje de serlo, es parte de su encanto). Mujeraza, madraza, y todos los "-azas". Solo le falta creérselo un poquito más ella misma. GRACIAS por tantos consejos, por escuchar siempre, a cualquier hora.
Me encantaría que la lista creciera, porque todos tenemos algo de exhibicionistas cuando nos decidimos a publicar pensamientos. Me encanta recibir comentarios, por supuesto. Pero lo que más me gusta es lo que me aporta este mundo 2.0, en que el anonimato diluye los miedos y nos permite compartir lo más profundo sin temor a sonrojarnos.
Os doy las gracias desde aquí, chicos, sois una tribu perfecta.
P.D. Mi #GHmamipandi... GRACIAS por las risas, por las "paranoias", por la diversión, por sacarme una sonrisa en días en que parecía imposible. Nos cambian a los jueves, pero ahí seguiremos, ¿no?
lunes, 29 de abril de 2013
Madre ausente
Se acerca el día de la madre... Y madre no hay más que una... Hasta cuando dura poco.
Hoy voy a felicitar a mi madre. Hace ya demasiados años que se fue, pero sigue estando conmigo. Sé que suena tópico, pero en mi caso es cierto. Supongo que fue un mecanismo de defensa que inventó mi mente de 13 años... Pero la siento conmigo siempre.
Cuando alguien me pregunta si "lo he superado", siempre digo lo mismo: esas pérdidas no se "superan" jamás, aprendes a vivir con ello, simplemente.
Siempre que he necesitado apoyo, he "hablado" con ella al acostarme. Le he pedido consuelo, protección, hasta ayuda en exámenes. Le he dado las gracias por protegerme desde allá donde esté, porque sé seguro que lo hace.
Cuando me suceden cosas terribles, hechos dolorosos, también hablo con ella. No le culpo, le agradezco también, porque doy por hecho que es ella quien me pone esos "obstáculos", para que aprenda la lección, para que salga de ello mucho más fuerte...
Tan fuerte como fue ella. Siempre sola, siempre enferma... Con una hija adolescente que le daba más disgustos que alegrías, a pesar de ser la más consciente de que sus fuerzas se apagaban...
Con otros dos hijos, demasiado pequeños para comprender, para ayudar, para hablar...
Con un "ex" que jamás le pasó el dinero que le correspondía pasar. Un ex que, además, la ofendía siempre que podía...
Aún así, jamás escuché de su boca un insulto hacia el hombre que nos engendró. Ella siempre mantuvo la compostura, siempre. Incluso cuando ya no le quedaban fuerzas ni para cogerme la mano.
Se despidió en silencio, se fue sin hacer ruido, creo que no quería ser más molestia...
Se fue, pero en mí quedó. Aunque las sombras no se fueran jamás de mí tampoco. El dolor de su pérdida me acompañó siempre, por mucho que intenté esconderlo.
Ahora que soy madre pienso en ella más que nunca. Qué difícil debió ser... Qué duro, qué mal lo tuvo que pasar.
Sola y en una cama, mientras sus hijos crecían... Y ni siquiera podían disfrutar una tarde de juegos con ella.
Intento pensar que el destino le tenía preparado algo mejor.
Prefiero pensar que me está viendo, me da igual si desde el cielo o desde otra dimensión. Pero me ve y se siente orgullosa.
Orgullosa porque el único objetivo en mi vida es disfrutar de mi hija, darle lo mejor y hacerle feliz. Sé que eso es justo lo que ella esperaría de mí.
También estará orgullosa porque saqué mi carrera y tengo un trabajo más o menos estable. Pero sé que su orgullo es que me ve sonreír todos los días.
Su orgullo es mi felicidad, igual que el mío es la felicidad de mi niña.
Es curioso cómo cambia la percepción de tu madre en cuanto te conviertes en una.
Ahora te admiro mucho más, mami. Gracias por enseñarme lo mejor, en unos pocos años físicos, pero todos los demás también...
Te quiero, mamá. Feliz día.
Hoy voy a felicitar a mi madre. Hace ya demasiados años que se fue, pero sigue estando conmigo. Sé que suena tópico, pero en mi caso es cierto. Supongo que fue un mecanismo de defensa que inventó mi mente de 13 años... Pero la siento conmigo siempre.
Cuando alguien me pregunta si "lo he superado", siempre digo lo mismo: esas pérdidas no se "superan" jamás, aprendes a vivir con ello, simplemente.
Siempre que he necesitado apoyo, he "hablado" con ella al acostarme. Le he pedido consuelo, protección, hasta ayuda en exámenes. Le he dado las gracias por protegerme desde allá donde esté, porque sé seguro que lo hace.
Cuando me suceden cosas terribles, hechos dolorosos, también hablo con ella. No le culpo, le agradezco también, porque doy por hecho que es ella quien me pone esos "obstáculos", para que aprenda la lección, para que salga de ello mucho más fuerte...
Tan fuerte como fue ella. Siempre sola, siempre enferma... Con una hija adolescente que le daba más disgustos que alegrías, a pesar de ser la más consciente de que sus fuerzas se apagaban...
Con otros dos hijos, demasiado pequeños para comprender, para ayudar, para hablar...
Con un "ex" que jamás le pasó el dinero que le correspondía pasar. Un ex que, además, la ofendía siempre que podía...
Aún así, jamás escuché de su boca un insulto hacia el hombre que nos engendró. Ella siempre mantuvo la compostura, siempre. Incluso cuando ya no le quedaban fuerzas ni para cogerme la mano.
Se despidió en silencio, se fue sin hacer ruido, creo que no quería ser más molestia...
Se fue, pero en mí quedó. Aunque las sombras no se fueran jamás de mí tampoco. El dolor de su pérdida me acompañó siempre, por mucho que intenté esconderlo.
Ahora que soy madre pienso en ella más que nunca. Qué difícil debió ser... Qué duro, qué mal lo tuvo que pasar.
Sola y en una cama, mientras sus hijos crecían... Y ni siquiera podían disfrutar una tarde de juegos con ella.
Intento pensar que el destino le tenía preparado algo mejor.
Prefiero pensar que me está viendo, me da igual si desde el cielo o desde otra dimensión. Pero me ve y se siente orgullosa.
Orgullosa porque el único objetivo en mi vida es disfrutar de mi hija, darle lo mejor y hacerle feliz. Sé que eso es justo lo que ella esperaría de mí.
También estará orgullosa porque saqué mi carrera y tengo un trabajo más o menos estable. Pero sé que su orgullo es que me ve sonreír todos los días.
Su orgullo es mi felicidad, igual que el mío es la felicidad de mi niña.
Es curioso cómo cambia la percepción de tu madre en cuanto te conviertes en una.
Ahora te admiro mucho más, mami. Gracias por enseñarme lo mejor, en unos pocos años físicos, pero todos los demás también...
Te quiero, mamá. Feliz día.
lunes, 15 de abril de 2013
Mi bebé ya no es bebé
Un día cualquiera llegas con un bebé a casa. Y desde ese momento, empiezas a olvidar cómo eras antes de ese bebé, cómo era esa casa, cómo era la vida...
Lo mejor es que ni siquiera quieres saber cómo era esa vida "antes de".
A veces te preguntas cómo pudiste vivir tanto tiempo sin esa vida chiquitita que inunda tu alma. Pero te lo preguntas porque no entiendes que antes pudieras ser feliz.
Y todo empieza a oler a bebé. Todo sabe a bebé. Todo es bebé.
Le miras y lloras, intentas que sea cuando nadie te ve, ¿entenderán que solo lloras de felicidad? ¿Que ahora, por fin, te sientes plena?
Empieza a importarte bien poco esa talla de más que se niega a abandonarte. O no ir a ese cine que tanto te gustaba.
Olvidas qué te hacía feliz antes de tu bebé. Incluso te planteas si alguna vez lo fuiste, porque no recuerdas en tu pasado ni una sola emoción parecida.
Sin darte cuenta pasa ese día, y los siguientes... Empieza a mirarte con amor, se le escapa una sonrisa, un gorgojeo... Y tú mueres de amor en cada uno de sus gestos. Sigues sin entender qué hacías antes de ella.
Evoluciona... Obviaré aquí la fase en que vuelves al trabajo y sientes que te arrancan, literalmente, un trocito de ti. Este es un texto feliz... Puede que en otro momento...
Pasa el tiempo, ella avanza, parece decir palabrejas (que evidentemente solo tú comprendes), te dice "mama" mirándote a los ojos y te deshaces. Ella, que lo sabe, no para de decir "mama". Para todo. Y tú, lejos de agobiarte, mueres de orgullo en cada "mama".
Juega, ríe, empieza a descubrir ese mundo al que le has traído sin avisar... Y tú lo descubres con ella. Impresionante.
El tiempo va pasando, los logros, las risas, las miradas, los besos...
Y, de repente, da un pasito sola.
Se acabó, ya no hay bebé.
Sientes una punzada en el corazón cuando notas que no te necesita para coger un juguete, o acercarse a ti en la cocina.
Sí, es hermoso, tu bebé crece feliz. Pero, a la vez, te come la nostalgia.
Lloras otra vez. Pasó ese bebé al que arropabas, adiós a tantos momentos...
Vienen otros, de acuerdo, sigue encandilándote, ¡le adoras! Pero necesitas despedirte de ese bebé... para disfrutar del todo, y como merece, a esa niña que sigue llenando tus días.
Aquí estoy, despidiéndome de mi bebé, dando la bienvenida a la pequeñaja terremoto en que se ha convertido.
No es bueno vivir en el pasado, y el presente tiene tantas cosas por disfrutar...
Ya no eres un bebé, pequeña, pero sigues llenando mi vida, dando luz a mis días, inundando mi alma.
Eso sí será eterno.
Lo mejor es que ni siquiera quieres saber cómo era esa vida "antes de".
A veces te preguntas cómo pudiste vivir tanto tiempo sin esa vida chiquitita que inunda tu alma. Pero te lo preguntas porque no entiendes que antes pudieras ser feliz.
Y todo empieza a oler a bebé. Todo sabe a bebé. Todo es bebé.
Le miras y lloras, intentas que sea cuando nadie te ve, ¿entenderán que solo lloras de felicidad? ¿Que ahora, por fin, te sientes plena?
Empieza a importarte bien poco esa talla de más que se niega a abandonarte. O no ir a ese cine que tanto te gustaba.
Olvidas qué te hacía feliz antes de tu bebé. Incluso te planteas si alguna vez lo fuiste, porque no recuerdas en tu pasado ni una sola emoción parecida.
Sin darte cuenta pasa ese día, y los siguientes... Empieza a mirarte con amor, se le escapa una sonrisa, un gorgojeo... Y tú mueres de amor en cada uno de sus gestos. Sigues sin entender qué hacías antes de ella.
Evoluciona... Obviaré aquí la fase en que vuelves al trabajo y sientes que te arrancan, literalmente, un trocito de ti. Este es un texto feliz... Puede que en otro momento...
Pasa el tiempo, ella avanza, parece decir palabrejas (que evidentemente solo tú comprendes), te dice "mama" mirándote a los ojos y te deshaces. Ella, que lo sabe, no para de decir "mama". Para todo. Y tú, lejos de agobiarte, mueres de orgullo en cada "mama".
Juega, ríe, empieza a descubrir ese mundo al que le has traído sin avisar... Y tú lo descubres con ella. Impresionante.
El tiempo va pasando, los logros, las risas, las miradas, los besos...
Y, de repente, da un pasito sola.
Se acabó, ya no hay bebé.
Sientes una punzada en el corazón cuando notas que no te necesita para coger un juguete, o acercarse a ti en la cocina.
Sí, es hermoso, tu bebé crece feliz. Pero, a la vez, te come la nostalgia.
Lloras otra vez. Pasó ese bebé al que arropabas, adiós a tantos momentos...
Vienen otros, de acuerdo, sigue encandilándote, ¡le adoras! Pero necesitas despedirte de ese bebé... para disfrutar del todo, y como merece, a esa niña que sigue llenando tus días.
Aquí estoy, despidiéndome de mi bebé, dando la bienvenida a la pequeñaja terremoto en que se ha convertido.
No es bueno vivir en el pasado, y el presente tiene tantas cosas por disfrutar...
Ya no eres un bebé, pequeña, pero sigues llenando mi vida, dando luz a mis días, inundando mi alma.
Eso sí será eterno.
lunes, 8 de abril de 2013
Desnudándome
Sé que te cuesta entender mi forma de crianza. No sabes por qué motivo mi hija ha invadido todos los rincones de mi alma.
He intentado explicarlo algunas veces, pero ni siquiera para eso dedico demasiado tiempo. Mi tiempo, TODO mi tiempo, es para ella.
A veces dices que no me olvide de mí, que "los hijos crecen rápido y qué harás entonces...".
Qué haré entonces... Quizá no arrepentirme de habérmelo perdido. Quizá dar gracias por haber vivido esos momentos que jamás volverán.
Pero vayamos por partes. Hoy me apetece explicarte algo más de mí. No es ninguna excusa, puede que ni siquiera tenga lógica... Pero tal vez, solo tal vez, después de leer esto seas un poco más capaz de entender...
¿Tú recuerdas cuando eras niño? Yo no.
Borré casi todos los recuerdos. Ni siquiera sé si lo hice consciente o inconscientemente. Simplemente, no están.
Bueno, para ser sinceros, alguna sensación sí ha quedado.
Puedo resumírtelo en pocas líneas...
No recuerdo qué es un padre. Jamás lo tuve. Sí, un par de veces nos visitó en domingo, para invitarnos a un refresco. A la tercera dije que no me apetecía, que prefería estar con mis amigos (creo recordar que tenía unos diez años...). Nunca más le vi. Y, aunque te cueste creerlo, jamás le eché de menos. No puedes añorar lo que no conoces.
Recuerdo una madre siempre enferma a la que yo misma hacía las curas, hasta que se fue, a mis trece años.
Recuerdo crecer al lado de una abuela, siempre demasiado mayor y demasiado triste para repartir juegos, abrazos o besos.
Recuerdo dos hermanos con los que jamás compartí mucho más que algún reproche... Y con los que hoy ni siquiera reproches me apetece compartir.
Puedo resumirlo aún más. Recuerdo una infancia en soledad.
Siempre fui una niña seria. Luego me convertí en adolescente responsable, estudié una carrera que pagué con mi propio sueldo, me licencié con mucho esfuerzo y algo de orgullo... Pero no recuerdo haber sonreído mucho.
Me crucé por el camino con dos hombres demasiado parecidos a aquel padre ausente. Muchas veces pienso que yo misma los busqué, o los atraje, qué sé yo...
Sufrí, seguí sufriendo... Hasta que llegó ÉL (así, con mayúsculas) y sentenció aquel NUNCA LLUEVE ETERNAMENTE. El resto de la historia lo conoces ya... La sonrisa no ha desaparecido de mi cara desde entonces. Hace que el sol brille cada día, todos y cada uno de mis días. Y, además, me ha regalado lo mejor de mi vida: mi niña.
Si una cosa tuve siempre clara es que un hijo solo debe tenerse desde el amor más profundo y la unión más sincera.
Un niño no pide venir al mundo, lo decidimos nosotros, con todas las consecuencias. Por tanto, nos debemos a él. Su felicidad debería ser nuestro único objetivo.
Un niño no debe sentirse solo JAMÁS.
Todos los besos, los abrazos, las risas, los te quiero... Son vitales para un niño.
Todo mi tiempo, mis esfuerzos, mis energías... Todo está destinado a ella. Nunca voy a permitir que se sienta sola.
Eché de menos los besos, las caricias, los juegos, los te quiero. Es cierto que la vida no me dio opción, pero esta vez es diferente, esta vez sí tengo la opción, yo no hago más aprovecharla. Escuché a mi instinto, tan sabio... Y solo me dejo llevar...
¿Entiendes un poquito mejor?
En realidad tampoco importa demasiado... Simplemente, no me compadezcas, no me juzgues. Hazme solo ese favor.
He intentado explicarlo algunas veces, pero ni siquiera para eso dedico demasiado tiempo. Mi tiempo, TODO mi tiempo, es para ella.
A veces dices que no me olvide de mí, que "los hijos crecen rápido y qué harás entonces...".
Qué haré entonces... Quizá no arrepentirme de habérmelo perdido. Quizá dar gracias por haber vivido esos momentos que jamás volverán.
Pero vayamos por partes. Hoy me apetece explicarte algo más de mí. No es ninguna excusa, puede que ni siquiera tenga lógica... Pero tal vez, solo tal vez, después de leer esto seas un poco más capaz de entender...
¿Tú recuerdas cuando eras niño? Yo no.
Borré casi todos los recuerdos. Ni siquiera sé si lo hice consciente o inconscientemente. Simplemente, no están.
Bueno, para ser sinceros, alguna sensación sí ha quedado.
Puedo resumírtelo en pocas líneas...
No recuerdo qué es un padre. Jamás lo tuve. Sí, un par de veces nos visitó en domingo, para invitarnos a un refresco. A la tercera dije que no me apetecía, que prefería estar con mis amigos (creo recordar que tenía unos diez años...). Nunca más le vi. Y, aunque te cueste creerlo, jamás le eché de menos. No puedes añorar lo que no conoces.
Recuerdo una madre siempre enferma a la que yo misma hacía las curas, hasta que se fue, a mis trece años.
Recuerdo crecer al lado de una abuela, siempre demasiado mayor y demasiado triste para repartir juegos, abrazos o besos.
Recuerdo dos hermanos con los que jamás compartí mucho más que algún reproche... Y con los que hoy ni siquiera reproches me apetece compartir.
Puedo resumirlo aún más. Recuerdo una infancia en soledad.
Siempre fui una niña seria. Luego me convertí en adolescente responsable, estudié una carrera que pagué con mi propio sueldo, me licencié con mucho esfuerzo y algo de orgullo... Pero no recuerdo haber sonreído mucho.
Me crucé por el camino con dos hombres demasiado parecidos a aquel padre ausente. Muchas veces pienso que yo misma los busqué, o los atraje, qué sé yo...
Sufrí, seguí sufriendo... Hasta que llegó ÉL (así, con mayúsculas) y sentenció aquel NUNCA LLUEVE ETERNAMENTE. El resto de la historia lo conoces ya... La sonrisa no ha desaparecido de mi cara desde entonces. Hace que el sol brille cada día, todos y cada uno de mis días. Y, además, me ha regalado lo mejor de mi vida: mi niña.
Si una cosa tuve siempre clara es que un hijo solo debe tenerse desde el amor más profundo y la unión más sincera.
Un niño no pide venir al mundo, lo decidimos nosotros, con todas las consecuencias. Por tanto, nos debemos a él. Su felicidad debería ser nuestro único objetivo.
Un niño no debe sentirse solo JAMÁS.
Todos los besos, los abrazos, las risas, los te quiero... Son vitales para un niño.
Todo mi tiempo, mis esfuerzos, mis energías... Todo está destinado a ella. Nunca voy a permitir que se sienta sola.
Eché de menos los besos, las caricias, los juegos, los te quiero. Es cierto que la vida no me dio opción, pero esta vez es diferente, esta vez sí tengo la opción, yo no hago más aprovecharla. Escuché a mi instinto, tan sabio... Y solo me dejo llevar...
¿Entiendes un poquito mejor?
En realidad tampoco importa demasiado... Simplemente, no me compadezcas, no me juzgues. Hazme solo ese favor.
martes, 19 de marzo de 2013
Felicidades, papi
Pequeña, hoy vamos a felicitar a papi.
Es su día.
Vamos a darle las gracias por todo el amor, por toda la dedicación, por la pasión.
Tú ya sabes cuánto te quiere papi, cómo te cuida, cómo has pasado a ser el centro de su vida. No hace falta más que ver con qué ojos le miras, cuánto amor desprenden, cuánta devoción.
Pero yo puedo ayudarte a saber más. Papi es la persona más buena que conozco. Jamás piensa mal de nadie, siempre tiene la palabra adecuada, siempre sonríe, siempre ama.
Papi decidió un día, hace casi 6 años, dedicar su vida a hacerme feliz. Cumplió su promesa, la sigue cumpliendo día a día.
Papi ya te amaba antes de verte.
Papi saltó de alegría cuando supo que estabas en camino.
Tú no lo recuerdas, pero antes de venir, hiciste otro intento. Quisiste llegar cuando aún no era el momento. No te aferraste lo suficiente, a las siete semanas te fuiste. Mami sufrió mucho más de lo que sabe expresar. Sufrió el dolor físico, pero el psicológico dolió más aún. Papi sufrió con mami, cogió mi mano cuando el dolor parecía insoportable, lloró desconsolado al despedirte, me acompañó en la más absoluta oscuridad.
Después, cuando decidiste hacerte fuerte y venir a este mundo, esta vez sí, papi intentó que desapareciera el miedo a perderte de nuevo. Seguramente él también tuvo miedo... Pero su amor por mí, y también por ti, le hacía disimular, decirme continuamente que todo saldría bien...
Le vi temblar en alguna ecografía, antes de ver encendida la pantalla en la que aparecerías, temeroso de encontrar el vacío de la otra vez.
Pero tú siempre aparecías en esa pantallita, con el dedo en la boca, sin dejarte ver del todo... Pero llena de vida. Y él sonreía tranquilo ya, y apretaba mi mano, tal como habíamos pactado, cuando veía latir tu corazoncito.
Sufrió conmigo cuando tuvieron que ingresarme para que no sufrieras tú, cuando me tuve que "recluir" en casa para que no salieras antes de tiempo.
Me ayudó con tu habitación, con tu ropita, con la preparación de tu llegada. Casi nueve meses me estuvo transmitiendo tranquilidad... hasta el día en que decidiste hacerte ver. Ahí fui yo quien se colmó de tranquilidad... y él de nervios. ¡Por fin iba a verte la carita! Supongo que ese fue el momento en que, de verdad, fue plenamente consciente de que llegabas.
Y, aun nervioso, supo en todo momento cómo actuar. Volvió a coger mi mano cuando el dolor me rompía, literalmente. Secó mi sudor, y mis lágrimas, calmó mis temblores... Sentí que pasaba el mismo dolor que yo. Me acompañó, en el más amplio sentido de la palabra, como ha hecho siempre.
Tuvo mucho miedo, más del que ha tenido nunca, cuando vio que flojeaba tu corazón.
Miró, a pesar de lo que creía, con toda la atención posible, para no perderse detalle. Y, ¡ay, pequeña! cuando te vio salir... ¡Si hubieras visto su cara! Fue la viva expresión del más puro amor. Te cogió en sus brazos, parecías tan pequeñita, ¡pero tan grande a la vez!
Es imposible explicarte, mi niña, todo lo que ha sentido este tiempo papi por ti.
Y tampoco lo necesitas, porque lo sientes. Sabes que eres toda su vida.
Y yo no puedo estar más orgullosa de ese amor, porque no puedo sentirme más plena. Los dos, tú y él, dais sentido a mi vida, y hacéis que todo valga la pena.
Así que por todo eso, y por mucho más, que no puedo, o no quiero, o no sé explicar, vamos a felicitar a papi en su día.
Porque es mi mayor apoyo, mi otra mitad, casi mi mente y mi cuerpo.
Y porque es tu ejemplo, tu mayor admirador, tu amante incondicional, tu salvador, tu guía...
Felicitémosle, porque, aunque me tachen de poco objetiva, es el mejor padre que pudiste elegir (efectivamente, creo que fuiste tú quien nos elegiste a nosotros, no al revés).
Felicidades, papi.
Te queremos.
Es su día.
Vamos a darle las gracias por todo el amor, por toda la dedicación, por la pasión.
Tú ya sabes cuánto te quiere papi, cómo te cuida, cómo has pasado a ser el centro de su vida. No hace falta más que ver con qué ojos le miras, cuánto amor desprenden, cuánta devoción.
Pero yo puedo ayudarte a saber más. Papi es la persona más buena que conozco. Jamás piensa mal de nadie, siempre tiene la palabra adecuada, siempre sonríe, siempre ama.
Papi decidió un día, hace casi 6 años, dedicar su vida a hacerme feliz. Cumplió su promesa, la sigue cumpliendo día a día.
Papi ya te amaba antes de verte.
Papi saltó de alegría cuando supo que estabas en camino.
Tú no lo recuerdas, pero antes de venir, hiciste otro intento. Quisiste llegar cuando aún no era el momento. No te aferraste lo suficiente, a las siete semanas te fuiste. Mami sufrió mucho más de lo que sabe expresar. Sufrió el dolor físico, pero el psicológico dolió más aún. Papi sufrió con mami, cogió mi mano cuando el dolor parecía insoportable, lloró desconsolado al despedirte, me acompañó en la más absoluta oscuridad.
Después, cuando decidiste hacerte fuerte y venir a este mundo, esta vez sí, papi intentó que desapareciera el miedo a perderte de nuevo. Seguramente él también tuvo miedo... Pero su amor por mí, y también por ti, le hacía disimular, decirme continuamente que todo saldría bien...
Le vi temblar en alguna ecografía, antes de ver encendida la pantalla en la que aparecerías, temeroso de encontrar el vacío de la otra vez.
Pero tú siempre aparecías en esa pantallita, con el dedo en la boca, sin dejarte ver del todo... Pero llena de vida. Y él sonreía tranquilo ya, y apretaba mi mano, tal como habíamos pactado, cuando veía latir tu corazoncito.
Sufrió conmigo cuando tuvieron que ingresarme para que no sufrieras tú, cuando me tuve que "recluir" en casa para que no salieras antes de tiempo.
Me ayudó con tu habitación, con tu ropita, con la preparación de tu llegada. Casi nueve meses me estuvo transmitiendo tranquilidad... hasta el día en que decidiste hacerte ver. Ahí fui yo quien se colmó de tranquilidad... y él de nervios. ¡Por fin iba a verte la carita! Supongo que ese fue el momento en que, de verdad, fue plenamente consciente de que llegabas.
Y, aun nervioso, supo en todo momento cómo actuar. Volvió a coger mi mano cuando el dolor me rompía, literalmente. Secó mi sudor, y mis lágrimas, calmó mis temblores... Sentí que pasaba el mismo dolor que yo. Me acompañó, en el más amplio sentido de la palabra, como ha hecho siempre.
Tuvo mucho miedo, más del que ha tenido nunca, cuando vio que flojeaba tu corazón.
Miró, a pesar de lo que creía, con toda la atención posible, para no perderse detalle. Y, ¡ay, pequeña! cuando te vio salir... ¡Si hubieras visto su cara! Fue la viva expresión del más puro amor. Te cogió en sus brazos, parecías tan pequeñita, ¡pero tan grande a la vez!
Es imposible explicarte, mi niña, todo lo que ha sentido este tiempo papi por ti.
Y tampoco lo necesitas, porque lo sientes. Sabes que eres toda su vida.
Y yo no puedo estar más orgullosa de ese amor, porque no puedo sentirme más plena. Los dos, tú y él, dais sentido a mi vida, y hacéis que todo valga la pena.
Así que por todo eso, y por mucho más, que no puedo, o no quiero, o no sé explicar, vamos a felicitar a papi en su día.
Porque es mi mayor apoyo, mi otra mitad, casi mi mente y mi cuerpo.
Y porque es tu ejemplo, tu mayor admirador, tu amante incondicional, tu salvador, tu guía...
Felicitémosle, porque, aunque me tachen de poco objetiva, es el mejor padre que pudiste elegir (efectivamente, creo que fuiste tú quien nos elegiste a nosotros, no al revés).
Felicidades, papi.
Te queremos.
viernes, 1 de marzo de 2013
Y ahora... ¿cómo te lo explico?
¿Recuerdas cuando eras muy muy pequeñita (mucho más que ahora) y estabas en mi barriga?
¿Recuerdas cómo te acariciaba? ¿Cómo te cantaba?
Yo sí lo recuerdo, mi pequeña, porque no hace mucho... y porque ha sido la mejor etapa de mi vida.
Recuerdo cuando te decía que serías un bebé afortunado, porque eres fruto del amor más inmenso.
Ya entonces empecé a prometerte amor eterno. Te dije mil veces, entre caricia y caricia, que nunca permitiría que te sintieras sola.
Hace solo 15 meses que naciste, y ya he fallado a mis promesas.
¿Cómo te lo explico?
¿Cómo te explico yo ahora que no siempre podré acompañarte cuando lo necesites?
¿Cómo te explico que a veces estará mami, a veces papi, pero casi nunca los dos a la vez?
Trataré de hacerte entender...
Tú aún no sabes qué es el dinero. Tampoco me apetece que lo sepas... en el fondo, es el responsable de la mayoría de los males. Te diré, por si te ayuda a entender, que los papis tienen que tener dinero para que tú crezcas sana como creces, porque comes todo lo que necesitas. O para que luzcas preciosa como lo haces, con esas ropitas coloridas y modernas.
Y el dinero, pequeña, no es de todos por igual. No está en todas partes, disponible para quien lo necesita. No.
El dinero lo tienen unos señores, casi siempre los mismos. Y los papis, los tuyos y los de la mayoría de bebés, tienen que trabajar para conseguir que esos señores les den el dinero que les corresponde.
Son esos señores, pequeña, quienes deciden cómo, dónde y cuánto.
Son esos señores quienes han decidido que el dinero nos lo darán a cambio de tiempo. Requieren nuestro tiempo, necesitan "tenernos cerca", más allá de si lo que hacemos ahí, bien cerquita, es algo interesante o no.
Mami, peleando mucho, ha conseguido arrebatarles un poquito de ese tiempo para ofrecértelo a ti.
He renunciado a unos cuantos caprichos, pero tu sonrisa y tus besos lo compensan con creces.
Algún día te explicaré qué consecuencias ha tenido esa lucha por nuestro tiempo, pero ya lo dejo para otra conversación...
Papi no puede luchar, porque esos señores se lo ponen bastante más difícil. Quieren el máximo del tiempo de papi, desde la mañana temprano hasta que estás a puntito de ir a dormir.
¿Cómo te explico que papi no puede darte de comer, acompañarte en el baño, o darte las buenas noches?
¿Cómo te lo explico?
¿Has entendido algo?
Yo tampoco, mi pequeña. Yo tampoco.
¿Recuerdas cómo te acariciaba? ¿Cómo te cantaba?
Yo sí lo recuerdo, mi pequeña, porque no hace mucho... y porque ha sido la mejor etapa de mi vida.
Recuerdo cuando te decía que serías un bebé afortunado, porque eres fruto del amor más inmenso.
Ya entonces empecé a prometerte amor eterno. Te dije mil veces, entre caricia y caricia, que nunca permitiría que te sintieras sola.
Hace solo 15 meses que naciste, y ya he fallado a mis promesas.
¿Cómo te lo explico?
¿Cómo te explico yo ahora que no siempre podré acompañarte cuando lo necesites?
¿Cómo te explico que a veces estará mami, a veces papi, pero casi nunca los dos a la vez?
Trataré de hacerte entender...
Tú aún no sabes qué es el dinero. Tampoco me apetece que lo sepas... en el fondo, es el responsable de la mayoría de los males. Te diré, por si te ayuda a entender, que los papis tienen que tener dinero para que tú crezcas sana como creces, porque comes todo lo que necesitas. O para que luzcas preciosa como lo haces, con esas ropitas coloridas y modernas.
Y el dinero, pequeña, no es de todos por igual. No está en todas partes, disponible para quien lo necesita. No.
El dinero lo tienen unos señores, casi siempre los mismos. Y los papis, los tuyos y los de la mayoría de bebés, tienen que trabajar para conseguir que esos señores les den el dinero que les corresponde.
Son esos señores, pequeña, quienes deciden cómo, dónde y cuánto.
Son esos señores quienes han decidido que el dinero nos lo darán a cambio de tiempo. Requieren nuestro tiempo, necesitan "tenernos cerca", más allá de si lo que hacemos ahí, bien cerquita, es algo interesante o no.
Mami, peleando mucho, ha conseguido arrebatarles un poquito de ese tiempo para ofrecértelo a ti.
He renunciado a unos cuantos caprichos, pero tu sonrisa y tus besos lo compensan con creces.
Algún día te explicaré qué consecuencias ha tenido esa lucha por nuestro tiempo, pero ya lo dejo para otra conversación...
Papi no puede luchar, porque esos señores se lo ponen bastante más difícil. Quieren el máximo del tiempo de papi, desde la mañana temprano hasta que estás a puntito de ir a dormir.
¿Cómo te explico que papi no puede darte de comer, acompañarte en el baño, o darte las buenas noches?
¿Cómo te lo explico?
¿Has entendido algo?
Yo tampoco, mi pequeña. Yo tampoco.
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