Lo sé, mi niña. Últimamente vivo a un ritmo acelerado.
Acepté un reto profesional interesante (para otros conocido como "pedazo de marrón").
No es que pase más horas físicas en el trabajo (o no demasiadas más), pero mi mente está implicada 24/7.
¿Qué consecuencias tiene algo así?
Se me olvidan eventos importantes en la vida de personas a las que quiero.
Las noches ya no son sinónimo de descanso. Sueño con nuevas ideas, me desvelo preocupada por cómo solucionar las incidencias.
Eso se traduce en sueño. Mucho sueño y cansancio durante todo el día.
Y a lo que iba... Ese cansancio me pone mucho más difícil DISFRUTAR DE LOS MOMENTOS CONTIGO COMO MERECES.
Conclusión: no vale la pena. No compensa esa implicación extrema.
Lo primero siempre serás tú.
Mi objetivo no es enseñarte a vivir a un ritmo acelerado que no te deje disfrutar de las pequeñas cosas.
Mi objetivo no es que estudies una carrera "exitosa".
Cada uno elige qué es "éxito", pequeña. Para mí, el éxito es ese entusiasmo que pones en cada uno de tus actos. Y mi objetivo es que nunca lo pierdas. Que no te dejes arrastrar por esta vorágine.
Aunque yo, a veces, aún permita verme arrastrada, si bien nunca conscientemente. Y, desde luego, en cuanto me doy cuenta, decido PONER EL FRENO.
Gracias una vez más, pequeña, por enseñarme el mejor camino.
Eres tú quien me guía.
Aún hay quién piensa que es al contrario...





