martes, 30 de septiembre de 2014

¿Paramos el mundo?

Tengo ganas de que todo se normalice y pueda cumplir con mi propósito de todos los días: estar. 

Vivir cada día, no pasar por encima. 

Sentir que vivo, no que paso de largo.

Cantarte historias sin prisas. (No, no me equivoqué. Cantarte, con A.)

Dejar de quejarme y sonreír con ganas. 

Estoy cansada de llegar corriendo a todas partes, de no saborear instantes. 

Quiero besarte despacio, que se pare el mundo y quedemos sólo nosotras. Que nuestro abrazo sea más largo de lo habitual.

No tener siempre en mente ese "llego tarde", "no llego", "estoy agotada". 

Que no me hablen de conciliar quienes sólo piensan en su silla. 

Que no me den lecciones, que no me vengan con sus "más vale calidad que cantidad". 

Que no pretendan engañarme, en la vida sólo puedes centrarte en una cosa si tienes intención de poner la piel. Estar en todas partes sólo te lleva a NO SER en ninguna. 

Yo quiero parar el mundo, bajarme, perderme si hace falta, pero contigo. 

No quiero que llegue el fin y arrepentirme de no haber saboreado el camino.

Lenta, tranquilamente, de verdad.

A tu ritmo, no al que me marcan desde fuera. 

¿Paramos el mundo? 


martes, 29 de julio de 2014

"¿No puedes jugar conmigo para poder comprar juguetes?"

Intentaré explicártelo fácil para que me entiendas.

Has nacido en un país llamado España. Es un trozo de tierra, sí, pero a los adultos les gusta separar trozos de tierra, ponerles un nombre y asociarles un trozo de tela de colores (lo llaman bandera). Verás que a veces pelean por ello. No hagas caso, es sólo que olvidaron que no es más que un trozo de tierra. 

Pues bien, yo quería explicarte por qué mamá está triste a veces. 

En España tenemos hijos pero no podemos disfrutar de ellos. No podemos acompañarles en el crecimiento, no podemos llevarles o traerles de la escuela. No podemos jugar con ellos por la tarde. Muchas veces, no podemos ni contarles un cuento antes de dormir. 

Estos días me miras a los ojos con tristeza cuando te digo que tengo que ir a trabajar. Tú no sabes qué es eso, no puedes comprender la obligación (te aseguro que a menudo yo tampoco), y me preguntas "¿por qué?". 
No tengo respuesta, pequeña. Porque mi única respuesta es "para pagar el alquiler, para comprarte comida, juguetes, ropa...", y me parece una respuesta tan inútil, tan poco convincente, que no puedo dártela. Me pongo en tu cerebro "desnudo" de capitalismos y soy incapaz de entender que algo tan de primera necesidad conlleve esta penitencia de robarnos tiempo juntas. Tu cerebro "virgen" debe pensar que los adultos somos tontos o estamos locos. ¿Tantas horas fuera para eso? ¿Tantas pérdidas? ¿No puedes jugar conmigo para poder comprar juguetes? 

Sí, es de locos, cariño. ¡Y eso que tú y yo tenemos mucha suerte! Que al menos (de momento), puedo ir a recogerte a la escuela, puedo jugar contigo un ratito, bañarte y hasta acostarte. No puedo despertarte por la mañana, eso es cierto. Algo tenía que sacrificar. Pero no olvides que somos "afortunadas". Hay niños que no ven a sus madres en todo el día. Hay niños que sólo juegan con ellas el fin de semana, que los demás días apenas les llega un beso de buenas noches. 

España. Este es el país donde naciste. Aquí está bien visto pasar muchísimas horas sentados en una silla de despacho. Fíjate que no te digo trabajando, te digo "sentados". Dicen en otros trozos de tierra con nombre que somos poco productivos. ¡Sin duda! ¡Si nos pagan por "cumplir" horarios establecidos! El día que nos paguen por producir bien en poco tiempo, empezaremos a ser más productivos y más felices. "Hagan el trabajo en el tiempo que necesiten, después, váyanse a casa". Estoy convencida de que nos esforzaríamos el triple, los resultados serían infinitamente mejores. 
Pero yo no tengo ni siquiera voz, aquí sólo hay cuatro que deciden, el resto agachamos la cabeza. 

Me encantaría que cuando tú tuvieras que enfrentarte a esta situación, todo esto te suene a antiguo. 

Ojalá haya cambiado algo, ojalá te dejen disfrutar de tu vida, más allá de las horas de despacho. Ojalá no tengas que buscar respuesta a ese "¿por qué?" que ahora tú me preguntas.   

Y si todo sigue igual... Entonces acepta mi perdón. Quizá debimos irnos a otro trozo de tierra... 



lunes, 21 de julio de 2014

Sobrevivir. Sin agallas

Toda una vida caracterizada por no tener agallas para tomar decisiones trascendentes. 

35 años aceptando la vida como ha venido, puede que por miedo a que venga algo peor. 

Sin plantearme que hay otras opciones, que si no me arriesgo es imposible que gane, sobre todo cuando la baraja ya estaba mal repartida de antemano. 

Tantos años creyendo a pies juntillas que los sueños que no se cumplen es porque así debía ser, sin que se me pasara siquiera por la cabeza salir a por ellos, mirarlos de frente. 

Envuelta de miedos sin entender la necesidad de enfrentarme a ellos, plantarles cara, recordarles quién manda. 

Entonces viene alguien que te explica que ha tomado una decisión arriesgada, sin un as en la manga, por el simple hecho de no querer seguir diciendo amén a la vida. 
Puede irle bien... o mal, pero sin duda, nunca le quedará el sinsabor del "qué habría sido de mí si...". No le quedará el arrepentimiento de no atreverse a mover ficha. No tendrá que pensar en sus sueños, porque ha decidido salir en su búsqueda. 

Ellos le encontrarán. 

Y muero de envidia, no puedo negarlo. De envidia por no tener el mismo valor que ella, de pena por saber que yo sigo sin plantearme esa decisión -y ninguna que se le parezca-. De agobio porque con mi quietud estoy obligándome a seguir atrapada en una realidad que no siempre me gusta, viendo mis sueños pasar por encima de mí, diciendo adiós con la mano... Partiendo hacia un futuro del que yo misma no formo parte. 

Verlo desde fuera ayuda a saber que no hacer nada nunca es buena idea. 

Que la vida no "es así", que puede ser como queramos hacerla. 

Y quizá, sólo quizá, ese pensamiento ayude a dar un primer paso. Todas las decisiones empiezan con un primer paso. 

Como esa misma persona me ha dicho... "Cuando tengas claro el objetivo, sabrás cómo alcanzarlo". 

Quizá el primer paso sea definir al detalle el objetivo, creer en él y mirar adelante, seguro que él también lo está deseando... Al fin y al cabo, ¡yo decido mi sueño! 


domingo, 6 de julio de 2014

No tengo nada que ver contigo

Siento decirte que no tengo nada que ver contigo. Y lo peor de todo, es que no QUIERO tener nada que ver contigo. 

Tú, que crees que tu hijo es un objeto, una fiera que domar, un títere que manejar a tu imagen y semejanza. 

No, no tengo nada que ver contigo. 

Tú, que prefieres dejarle llorar desconsolado para poder descansar toda la noche (descansar tú, no él). 

Tú, que le hinchas a refrescos de dudoso origen con tal de que te deje tranquila.

Tú, que le llenas el plato de ketchup para que coma todo lo que TÚ crees que debe comer.

Tú, que estás deseando que acaben las vacaciones de verano (y no han hecho más que empezar), para "perder de vista" a tus hijos. 

Tú, que hablas a gritos, en esa norma inventada de cuanta más voz más razón. 

Tú, que vas al parque para poder charlar con tus "amigas", que tu hijo juegue solo, así "espabila" y "socializa". 

Tú, que pierdes los nervios, y gritas y castigas porque no eres capaz de empatizar. Y no te arrepientes después, porque "mano dura es lo que les hace falta". 

Tú, que jamás le hablas de valores porque ni te planteas que sea necesario. 

Tú, que compras el tiempo que no estás con ellos con regalos caros que jamás sabrán valorar. 

No perderé nunca el tiempo en juzgarte o decirte lo equivocada que estás. Mi tiempo es valioso y prefiero dedicarlo a mi hija. Pero no digas que no me afecta. Como tú eduques a tu hijo me afecta más de lo que crees. Sobre esto mi querida Cata supo plasmarlo magistralmente aquí. 


No me pidas que me mezcle contigo. 

Jamás tendremos nada que ver.


martes, 20 de mayo de 2014

Si algún día no recuerdo...

Si algún día no recuerdo, mi niña... Hazme el favor de no olvidar tú. 

Recuerda las risas, las miradas, las canciones.

No olvides que un día fuimos una. Y no sólo en esos nueve meses en que me aseguré de darte vida. Hasta que tú me lo permitas, cariño, seremos una. 

Mis ojos seguirán mirando por ti, mis manos evitándote peligros, mi cuerpo acoplándose a tus necesidades. 

Si notas que se fueron de mi cabeza momentos únicos, abrázame con fuerza. Muy probablemente, tu olor me los devuelva. Y si no ocurre, tráelos tú. Trae los momentos mágicos, los que se grabaron a fuego, y explícamelos. Puede que siga sin recordar, pero volveré a vivirlos, y todo volverá a ser como siempre. 

Recuerda las letras de las canciones, los bailes a deshora, los dulces. 

Los saltos en los charcos, los abrazos de calma a medianoche, los despertares de cosquillas. 

No olvides que siempre te quise más que a mi vida, que tu felicidad fue mi única meta, que toda la vida la viví por ti. 

Que diste sentido a las peores pesadillas, y no sé si te lo dije lo suficiente. 

Abrázame fuerte y sentiré, a pesar del olvido, que siempre fuiste mi punto de llegada, mi hogar, mi "estar en casa". 

Ojalá no llegue nunca ese momento, vida mía, ojalá cuando sea viejita podamos explicarnos batallas y revivir historias, cogidas de la mano, riendo a carcajadas. 

Pero si olvido, pequeña... 
Si olvido, relee estas líneas, no las pierdas nunca... Y no dudes que te amo como a nada, que eres el motivo de mi sonrisa. 

Y vive, mi niña, vive profundamente, ríe y ama como si fueran recursos escasos. Vive para grabar recuerdos.

Y abrázame para traerlos de vuelta. 

 
*** Post dedicado a todos aquellos que pierden su ayer por culpa del maldito Alzheimer. En nuestras manos queda poner piel a esos recuerdos que ellos han perdido. 
Estas palabras salen por "culpa" de Màxim Huerta y su La noche soñada. Novela totalmente imprescindible. 

martes, 13 de mayo de 2014

Perdón por este mundo loco

A veces siento la imperiosa necesidad de pedirte perdón. 

Es tremendo el mundo al que te he traído. No sé si sólo tuvimos mala suerte con el país, con el tiempo que te ha tocado vivir... O es el mundo entero, que gira en sentido contrario al que debería. 

Ese mundo loco que espero cambie cuando empieces a verte obligada a lidiar con él. 

Este país de políticos muy poco políticos y ciudadanos muy poco sociables.

Ayer asesinaron a una mujer. 

Desconozco si era madre y ha dejado descendencia perdida. Pero seguro era hija, hermana, prima o amiga de alguien. La asesinaron en la calle, a tiros. Poco me importa el motivo, tan poco como de qué partido político era. Sin embargo, hay gente que justifica esa matanza, por lo corrupta, desalmada o perversa que fuera la mujer.

Jamás justifiques algo así, pequeña. 

La gente debería entenderse hablando, dialogando, incluso discutiendo. Pero nunca deberíamos tomarnos la justicia por nuestra mano. Eso NO soluciona nada. NUNCA.

Es verdad que te he traído a un país en momento de desesperación, en que la cordura parece abandonarnos, un país en que nada parece tener sentido. En que los políticos roban y se ríen de nosotros en nuestra propia cara. En que, incluso, demasiada gente ha decidido quitarse la vida antes de seguir sufriendo. 
Esos crímenes, TODOS, el del tiro en la espalda y el de la soga al cuello, son espeluznantes. 
Algo así NO DEBERÍA ocurrir, jamás. 

Pero ocurre, ojalá no ocurriera, ojalá no tuviéramos que presenciarlo, pero ocurre.

Espero que algún día puedas perdonarme, pequeña. 
Te juro que siempre he querido lo mejor para ti, incluso antes de traerte a este mundo loco. 

Seguiré intentando pintarte la vida de colores, llenando tus mañanas de risas, tus días de palabras bonitas y tus noches de dulces caricias. 

Eso no evitará este mundo loco, pero quizá nos ayude a sobrevivirlo de la manera más cuerda posible. 

No dudes nunca en pedirme esos colores, esas risas, esas palabras bonitas y esas caricias. Siempre estaré aquí, a tu lado, para hacerte más llevadero este naufragio. 

Te amo con locura, pero con locura de la buena, la que hace perder el sentido y llena todo de luz. 
La que resta dolor y suma alegría. 

De esa locura no quiero evadirme. No lo hagas tú tampoco, jamás. 


martes, 6 de mayo de 2014

Tu sonrisa apagada


Acabo de cruzarme contigo. 
No te veía desde que ocurrió. 

Tu mirada me ha atravesado el corazón. Cómo impresiona sentir que alguien se ha apagado por completo. Qué pena tan intensa me has transmitido. 

Has muerto con él. Fue él quién se colgó de esa cuerda, pero tú te has ido con él. Y tus niñas, siempre con esa sonrisa en la cara, siempre felices, también me han mirado apagadas, con la cabeza agachada. Incapaces de mirar de frente a la realidad.

No sé si existe un dios, ni si ahora mismo él vela por vosotras... Sólo espero que ocurra algo, lo que sea, que os devuelva ese trocito de vida que os ha arrebatado. Nadie merece tanto daño. Nadie merece morir en vida. 

Te conozco tan poquito... Un escaso hola y adiós en la puerta de un colegio, en el supermercado. Y hoy, ese hola nada tenía que ver con los de antaño. Ojalá hubiera tenido más confianza, más valor. Ojalá hubiera podido darte ese abrazo que me salía del alma y he apagado también, obligándolo a no salir, por no estar segura de tu reacción.

Sigo derramando lágrimas por ti, aunque de nada sirvan. 
Sigo enviándote fuerza, sé que la necesitas. 

Qué injusta es la vida... 

Y la muerte, que te ha apagado la sonrisa.